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domingo, 25 de junio de 2017

DE MARES CONTAMINADOS PESCADOS DAÑINOS.


La ciguatoxina es tóxica en pescado cocinado o crudo, como el de la imagen
               La ciguatoxina es tóxica en pescado cocinado o crudo, como el de la imagen

La ciguatera, el «nuevo anisakis» que llega al pescado europeo
Europa investiga la expansión de una toxina en el mar Mediterráneo y el océano Atlántico, típica del Caribe, que causa intoxicaciones alimentarias.
«Me corre una calentura, la cabeza me da vueltas, se me aflojan las rodillas...Es que eso le da a cualquiera, el beso de la ciguatera, una condena que llevo por comer pescado de arena», cantaba Juan Luis Guerra. El cantautor dominicano no es el único que le ha cantado a la ciguatera, una intoxicación alimentaria provocada por el consumo de peces de gran tamaño bien conocida en el Caribe.
El problema está en el pescado, pero no es el origen de la infección. En realidad, la responsable es un alga microscópica, portadora de una toxina (ciguatoxina), que habita los arrecifes de coral en aguas templadas. Los peces hervíboros se alimentan de ella y comienza, así, su transmisión en la cadena alimentaria. Los pescados grandes se comen a los chicos, el pescador captura a los ejemplares más grandes y finalmente esa toxina que no causa ningún daño al animal acaba en el estómago humano. En esa escalada de la cadena alimentaria, la concentración de toxinas va en aumento y cuando llega al plato del consumidor está en su nivel máximo. Quien come un pescado infectado enferma.

No desaparece al congelarlo

A diferencia del «anisakis», el parásito que también causa estragos en el pescado, no se detecta a simple vista. No se ve, no se huele, no deja ningún color especial. El pescado con ciguatera no es sospechoso. Puede estar delicioso, absolutamente fresco..., y estar contaminado. La toxina solo se detecta con un análisis de laboratorio. Y, lo peor, tampoco hay ningún tratamiento preventivo que inactive la toxina. El riesgo no desaparece al cocinarlo a temperatura elevada o al congelarlo, como sucede con el anisakis.
Afortunadamente, no es una intoxicación letal, salvo que nuestras defensas estén comprometidas, pero provoca muchas molestias. Desde problemas gastrointestinales (diarrea, náuseas, vómitos...) hasta otros trastornos más llamativos que alteran el sistema nervioso como cambios en la sensación frío-calor, hormigueo en la lengua y alteraciones de la tensión arterial. No hay tratamiento específico, salvo fármacos para mejorar los síntomas. Incluso a veces, como el anisakis -otra intoxicación que causa estragos en el pescado-, se produce una reagudización y los síntomas vuelven al tomar de nuevo pescado aunque no esté contaminado e incluso al consumir bebidas alcohólicas.
Hace años, la ciguatera era un problema de poblaciones muy localizadas, en zonas costeras de destinos remotas. Hoy es la intoxicación provocada por consumo de pescado más común en el planeta. Se estima que cada año 50.000 personas sufren sus males. En Europa era el souvenir desagradable que algunos turistas traían después de haber pasado unas vacaciones exóticas. Ya no. La ciguatera se ha instalado en los mares que bañan el continente y los europeos lo sufren al tomar pescado importado.
Distribución de la ciaguatoxina en el mundo
Distribución de la ciaguatoxina en el mundo

También en Alemania

Pese a ser aún una rareza en Europa, su llegada ha empezado a inquietar a la Unión Europea que ha puesto en marcha un proyecto para detectar la presencia de la toxina en aguas del mar Mediterráneo y del Atlántico. Los primeros brotes autóctonos se detectaron en el Atlántico, en las Islas Azores de la vecina Portugal y en las Canarias. En el archipiélago canario desde 2006 hay un goteo de casos y ya se han registrado 18 brotes con más de un centenar de afectados. La gran mayoría están relacionados con el consumo de mero y medregal, un pescado de gran tamaño, típico de la zona que se captura sobre todo en pesca deportiva. No hay rastro, por el momento, en el atún.
En Alemania también ha habido un brote, aunque esta vez no ha sido por la presencia de ciguatoxina en el Báltico, sino por el consumo de pargo y sargo importado de países tropicales.

Riesgo ínfimo para el consumidor

¿Debe entonces lanzarse la voz de alarma entre los consumidores europeos? Un «no» rotundo sale de los labios de Ana Canals, asesora de la Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aecosan). «No hay alerta, es un problema emergente que nos preocupa y debemos atajar. El pescado forma parte de una dieta saludable y debe seguir siéndolo. El riesgo para el consumidor es ínfimo. Son casos anecdóticos, no estamos ante un problema de salud pública», asegura Canals.
El proyecto de investigación que intenta descubrir lo arraigada que está la ciguatera en Europa se llama EuroCigua y cuenta con la participación de Aecosan, del Ministerio de Sanidad español. Además de España, colaboran Alemania, Portugal, Chipre y Grecia. A cuántas especies afecta o en qué mares está instalada son algunas de las preguntas a las que quiere responder esta iniciativa.
Aún se tardarán tres años en tener una información precisa, advierte Canals. En el mar Mediterráneo ya se ha detectado la microalga portadora de la toxina. En cambio, aún no se han hallado peces contaminados.

Plan de control en Canarias

En Canarias, donde la ciguatera ya no es una anécdota, el Gobierno regional y la Dirección General de Pesca han puesto en marcha un plan de control. Se supervisan y analizan los pescados. Las asociaciones de pesca deportiva también están facilitando voluntariamente muestras de pescado. Lo congelan y esperan el resultado del laboratorio antes de consumirlo, como hacen los cazadores para evitar la triquinosis.
También se ha puesto en marcha una campaña de información en los centros sanitarios para que puedan identificar los síntomas de esta intoxicación y no se confundan con otros problemas de salud. No hay aún tratamiento específico, pero los trastornos neurológicos pueden durar semanas y asustan tanto al enfermo como al personal sanitario.

¿Por qué en Europa?

La globalización y el cambio climático son, de momento, las dos razones que se argumentan para explicar este fenómeno nuevo. Una de las teorías que se manejan es que el mayor tráfico de grandes barcos podría estar arrastrando las microalgas portadoras de la toxina marina hasta latitudes donde el agua es más fría. Y las temperaturas, cada vez más elevadas de nuestras aguas, favorecería su asentamiento.
La otra vía de entrada son las transacciones globales que lleva a una población del norte de Europa, como la alemana, a consumir pescado tropical.

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