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sábado, 29 de abril de 2017

LOS VEINTISIETE APRUEBAN POR UNANIMIDAD LAS DIRECTRICES DEL BREXIT

La cánciller alemana, Angela Merkel, a su llegada a la cumbre

Los Veintisiete aprueban por unanimidad las directrices para negociar el ‘Brexit’


Los socios europeos escenifican en Bruselas una postura unitaria frente a Londres en la negociación del 'Brexit'

Formidable demostración de fuerza, espectacular exhibición de unidad para arrancar las negociaciones de la primera salida de la UE en más de seis décadas. Los Veintisiete han necesitado menos de un minuto para acordar hoy, en una cumbre de Bruselas tan importante en el fondo como en las formas, las directrices para el acuerdo de divorcio con el Reino Unido. Las conversaciones empezarán en junio, justo después de las elecciones británicas. Pero si la primera impresión es la que cuenta, Europa da la sensación de haber preparado a conciencia el primer movimiento de la partida de ajedrez que se avecina entre Reino Unido y la UE.
El dinero, los derechos de los ciudadanos y las fronteras con Irlanda del Norte serán los tres primeros capítulos del Brexit; hasta que no haya un acuerdo "suficiente" en esas tres agendas no empezará a negociarse la futura relación comercial, la gran obsesión de Londres. Los líderes han pactado por unanimidad los principios de la negociación, pero tampoco han sido parcos en gestos para la galería. El primer borrador de las directrices provocó una tormenta en Reino Unido por Gibraltar; la puesta de largo de las directrices ha acabado con un nuevo toque de atención a Londres: una Irlanda unificada se quedaría en la UE, en otro mensaje cifrado para el ala más nacionalista del Reino Unido.
La cumbre deja tres lecciones. Una: Europa quiere dejar claro que empieza con un frente unido, sin una sola fisura. Dos: los Veintisiete están de acuerdo en que la siguiente fase (la negociación del acuerdo comercial) no llegará tan pronto como desearía Londres. Y tres: hay que discutir si el Brexit puede ser un impulso para la integración europea por la vía de las diversas velocidades, pero lo que es seguro es que Reino Unido tendrá que pagar un precio. La pista del dinero será fundamental en los primeros compases del divorcio: se avecina un lío con el segundo contribuyente neto de la Unión, y los Veintisiete tienen que decidir si el dinero que deja de poner Londres lo ponen el resto de contribuyentes netos (los ricos: Alemania, Holanda, Dinamarca, Suecia, Finlandia) o si el presupuesto se reduce, lo que desataría las iras de los países que reciben más fondos.
Reino Unido espera pacientemente que en ese momento surjan las divergencias entre los socios. Como en la novela policiaca, la pista del dinero será clave para desarrollar la trama del Brexit: el ministro alemán de Finanzas, Wolfgang Schäuble, ya ha sugerido hoy que Alemania no va a poner un solo euro más en el presupuesto europeo cuando se vayan los británicos. Esa es la próxima batalla europea: los aproximadamente 10.000 millones de euros anuales netos que pone Londres en el presupuesto de la UE.
Pero de momento no hay rastro de esas diferencias. Acostumbrados a la presencia incómoda de alguna voz divergente, los líderes comunitarios han presentado la posición de unidad de los socios europeos en la negociación frente a Reino Unido como una demostración de poderío. La cautela impera en una Unión donde las fracturas entre acreedores y deudores, el centro y la periferia, el Norte y el Sur, mantienen heridas abiertas. Pero Europa tiene muy claro que debe hablar con una sola voz en las discusiones con Londres si no quiere salir trasquilada.
Ese frente común se ponía a prueba este sábado en la cumbre que se celebra en Bruselas en torno a la salida de Reino Unido, la primera de carácter formal en la que no está presente la primera ministra Theresa May. La escenificación estaba muy estudiada. "Sé que esta unidad es algo único, pero confío en que no cambiará", ha señalado a su llegada a la reunión el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk. "Antes de discutir la futura relación debemos zanjar el pasado", ha subrayado en uno de los centenares de mensajes destinados a rebajar las expectativas británicas de una rápida negociación que dé paso a las conversaciones sobre la relación comercial. El cierre de filas inquieta en Downing Street, que esperaba y espera fricciones que debiliten la posición europea. Theresa May interpretó días atrás la postura sin fisuras de sus todavía socios como una unión "contra" Reino Unido, aunque tanto Angela Merkel como el negociador europeo Michel Barnier, invitado a la cumbre, niegan la mayor. "No hay una alianza contra Gran Bretaña", ha zanjado la canciller alemana.
El encuentro entre los líderes de los Veintisiete ha servido para adoptar las directrices de la negociación del Brexit sobre tres grandes temas: la protección de los derechos de los europeos residentes en Reino Unido, la factura que deberá pagar Londres por su salida y la situación de Irlanda del Norte. Durante la reunión se ha debatido también el futuro de las agencias europeas en suelo británico: la agencia del medicamento (que aspira a llevarse Barcelona) y la Autoridad Bancaria Europea.
Tusk ha remarcado la importancia de que el divorcio no afecte a los británicos y europeos residentes fuera de sus fronteras. "Necesitamos garantías para los ciudadanos y sus familias en ambos lados. Esa debe ser la prioridad número uno de la UE y de Reino Unido. La Comisión ha preparado una lista detallada de los derechos ciudadanos que queremos proteger".

Una posición menos privilegiada

El jefe de la institución que agrupa a los Estados miembros ha tendido la mano a Reino Unido ofreciendo una relación sólida y cercana. Pero la dialéctica del poli bueno-poli malo —Brexit duro, Brexit blando— aún aparece en las declaraciones de sus mandatarios. "El adiós a la UE conllevará un precio y tendrá un coste para Reino Unido. [El Brexit] No tiene por qué ser un castigo, pero está claro que Europa sabrá defender sus intereses y que Reino Unido tendrá una posición menos privilegiada fuera de la UE que dentro", ha advertido el presidente francés, François Hollande, quien apura sus últimas semanas en el cargo. "Queremos tener buenas relaciones con Gran Bretaña, pero también defender juntos nuestros intereses", ha defendido Merkel, que sigue mostrando dureza a pesar de que su industria es partidaria de una salida del club comunitario más suave.
La cuestión irlandesa aparece como uno de los temas más espinosos. El primer ministro irlandés, Enda Kenny, pedirá en la cumbre que la UE reconozca que una Irlanda unificada seguiría dentro de la Unión, como sucedió en su día tras la unificación alemana. Esa mención amenaza con despertar los ánimos nacionalistas en Londres tal y como ya sucedió semanas atrás con la concesión a España del derecho de veto en las cuestiones relativas al territorio de Gibraltar.
A su llegada a la cumbre, el presidente español, Mariano Rajoy, ha declarado que “a España le valen” las propuestas de directrices para la negociación del Brexit que ha hecho el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk “y, por tanto, espero que se aprueben tal y como están”. Rajoy ha enfatizado que “la UE tiene que mantenerse unida en la negociación y debe seguir apostando por la integración” europea. Además, ha insistido, en línea con sus socios, en que “la prioridad deben ser los derechos de los ciudadanos” españoles y comunitarios que viven en territorio británico y en que primero se debe negociar la retirada del Reino Unido de la UE —incluidos sus aspectos financieros— y luego las futuras relaciones entre Londres y los 27, que España apuesta porque sean “las mejores posibles”, informa Miguel González.
INGLATERRA NO SE VA A MARCHAR DE LA UE CON LAS MANOS EN LOS BOLSILLOS,ESO TODOS LO SABEMOS,SE NECESITAN MUTUAMENTE.

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