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domingo, 23 de abril de 2017

EUROPA HOY SE LA JUEGA CON LAS ELECCIONES FRANCESAS.

Elecciones en Francia

El candidato conservador François Fillon

Francia, clave europea.


La elección presidencial marcará la agenda política del continente.

La Unión Europea es imaginable sin el Reino Unido, pero inviable sin Francia. De ahí que en toda Europa preocupe, y mucho, el perfil de algunos de los candidatos que disputan este domingo el acceso a la segunda vuelta de las elecciones presidenciales francesas.
Tres de los cuatro candidatos que, en empate técnico, encabezan las encuestas cuestionan las políticas comunitarias. Marine Le Pen propone, además de la institucionalización de la xenofobia, un referéndum para abandonar el club, el conservador François Fillon exige la devolución de competencias y el ultraizquierdista Jean-Luc Mélenchon pide renegociar los tratados. Le Pen, que tiene el apoyo de Trump, simpatiza con Putin, a lo que se suman Fillon y Mélenchon. Ello da una idea de cuáles son hoy las aspiraciones e inquietudes de los ciudadanos galos que ya en 2005 rechazaron la Constitución Europea.
El antieuropeísmo galo es una pésima noticia para el continente y muy negativa para España. Solo Emmanuel Macron, el independiente centrista, liberal y progresista, que encabeza los sondeos, defiende abiertamente la UE y lanza un mensaje positivo sobre Francia y la globalización. Su victoria insuflaría de optimismo y confianza en el futuro a Francia y conformaría la mejor respuesta del Viejo Continente al Brexit y al populismo de Donald Trump y que germina en casa.
El país que iluminó al mundo con la Ilustración y la Revolución es hoy una nación atemorizada por los ataques terroristas perpetrados por ciudadanos radicalizados por la influencia yihadista y preocupada por la amenaza a su modelo social debido a la competencia de otras naciones más dinámicas en un mundo sin fronteras. Frente a todo ello aumentan las corrientes nacionalistas, xenófobas y populistas que aquejan, también, a otros países europeos. Pero la victoria de Macron está lejos de estar garantizada.
Nunca en los últimos sesenta años habían llegado cuatro candidatos tan empatados. Nunca antes tampoco se habían organizado unas presidenciales bajo estado de excepción y con un nuevo atentado tres días antes de acudir a las urnas. Tampoco nunca antes se ha vislumbrado tan claramente la posibilidad de que ninguno de los dos grandes partidos que han estructurado la política francesa (el socialista y el republicano) sea llamado a gobernar el país.
Si los sondeos permiten alguna certidumbre esa es la eliminación del Partido Socialista, ahora gobernante. Muy descolgado en los sondeos, el candidato Benoït Hamon salido de las primarias abiertas de su partido en enero podría sufrir la humillación de no alcanzar ni el 10% de los votos. Es otra característica transfronteriza: la crisis de la socialdemocracia, que sigue buscando su lugar en las sociedades modernas a las que tanto aportó en el pasado y el auge de una extrema izquierda que promete imposibles y que comparte propuestas con la extrema derecha.
Europa necesita a la Francia abierta y europeísta que fue, un país dispuesto a avanzar; no a cerrarse en sí mismo. Y, sobre todo, necesita derrotar al populismo, de izquierdas o de derechas. Estas elecciones son claves para poder abrir el camino de la recuperación del reformismo sano y del europeísmo convencido.
LA UNIDAD EUROPEA ESTÁ PRENDIDA CON ALFILERES, CADA VEZ QUE HAY ELECCIONES EN UN PAIS PELIGRA SU UNIDAD Y EL PROYECTO.

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