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lunes, 17 de abril de 2017

EL FMI ADVIERTE DE QUE LA DEUDA CRECE EL DOBLE CON GOBIERNOS DÉBILES.

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, en Bruselas

La directora gerente del FMI, Christine Lagarde, en Bruselas

El FMI advierte de que la deuda crece el doble con gobiernos débiles.


Un documento de la institución que dirige Lagarde concluye que los Ejecutivos estables son más firmes en el control de las cuentas.

El populismo y los parlamentos fragmentados que se prodigan en la actualidad pueden tener consecuencias para las cuentas públicas y dificultar la consolidación fiscal. O al menos así se desprende del último libro elaborado por el FMI sobre el impacto que tiene la situación política en el déficit, la deuda o la política fiscal. En dicho estudio, el Fondo advierte de la amenaza que suponen para la disciplina presupuestaria los gobiernos que carecen del suficiente respaldo parlamentario o que están apoyados en una coalición. Estos ejecutivos débiles, concluye, aumentan la deuda el doble que otros más estables.
En un contexto en el que el desencanto político y los populismos arrinconan a los partidos tradicionales generando gobiernos débiles y parlamentos fragmentados por doquier, el Fondo Monetario Internacional ha elaborado un libro sobre el papel que desempeña la coyuntura política en la política fiscal. Con una amplia base de datos que recoge 90 países durante 50 años, la evidencia empírica resulta inapelable: el Fondo concluye que la deuda pública aumenta el doble en las legislaturas en las que los gobiernos no tienen control del parlamento. Aunque no se menciona países concretos, el aviso a navegantes para gobiernos como el de Mariano Rajoy, sin mayoría en las Cortes, se antoja evidente. Máxime cuando el Ejecutivo español aún presenta el mayor déficit público de la UE pese a sumar tres años seguidos de crecimiento económico.
Y no solo eso: allá donde un gobierno presenta debilidad política la reducción del déficit es siete veces menor de lo presupuestado. A fin de evitar alteraciones estadísticas, se restan los casos extremos como los rescates sufridos durante la crisis del euro.
“Cuando los gobiernos tienen amplias mayorías, la diferencia entre lo que consiguen hacer y lo que prometen es muy pequeña. Si tienes gobiernos frágiles resulta muy difícil movilizar una mayoría en el parlamento, y en esos casos la diferencia es mucho mayor”, afirma Vítor Gaspar, director de Asuntos Fiscales del FMI. Y el efecto es similar sobre la deuda cuando hay un gobierno de coalición o si se tienen más ministros que la media, esto es 14. A mayor número de carteras y de sensibilidades que atender, más difícil se hace domeñar el gasto.

El ciclo electoral

Otro hallazgo llamativo consiste en que los años en los que se celebran elecciones el déficit se eleva de media un 1% más, sobre todo en aquellos países con peor calidad de las instituciones. El gasto en esos momentos suele dispararse en salarios públicos, aunque también en pensiones y subsidios. Curiosamente, la inversión siempre cae en ese ejercicio, y ello se explica porque el pico se detecta 28 meses antes. Es decir, se busca que la inauguración esté lista en año electoral. “Hemos encontrado que el desembolso en obra pública guarda una menor correlación con el ciclo electoral en aquellos países que cuentan con mecanismos de evaluación técnica de las inversiones”, explica Carlos Mulas, coordinador del libro.
El informe incluso menciona el caso de las comunidades españolas, cuyo incumplimiento del déficit aumenta hasta un tercio cuando se aproximan las elecciones. Aunque no se cita, el Gobierno de España también ha sido un claro ejemplo de este tipo de incumplimientos. En los Presupuestos de 2016 tenía previsto que el déficit bajase hasta el 2,8%. Pero era un año electoral y la amenaza de Podemos se perfilaba en el horizonte. Así que rebajó los impuestos y se saltó el objetivo de déficit para acabar en el 4,3%, 15.000 millones por encima.
Pese a que intuitivamente se puedan alcanzar estas conclusiones, el documento representa una llamada de atención ahora que la debilidad de los gobiernos retrasa la consolidación fiscal y puede dejar a los países cargados de deuda y, por tanto, demasiado expuestos a una nueva crisis o simplemente a una mera subida de tipos.
En contra de los tópicos, el estudio revela que el color del partido no tiene tanto impacto en la política fiscal. “En esta crisis las ideologías han sido barridas”, sostiene Carlos Mulas. En parte porque las políticas de demanda han demostrado un efecto temporal, son inflacionistas y resultan difíciles de implementar en economías abiertas.
No obstante, sí se que aprecian dos diferencias de peso entre gobiernos izquierdas y de derechas. La izquierda tiende a subir el IRPF, considerado más progresivo. En cambio, la derecha suele subir el IVA, etiquetado como más eficiente porque no desincentiva el trabajo y grava las exportaciones. Paradójicamente, en España el ministro Cristóbal Montoro prefirió subir Renta en lugar de IVA porque las nóminas no escapan con facilidad del fisco.
La otra diferencia significativa reside en la inversión. Los gabinetes de izquierda suelen hacer mayores inversiones públicas y durante más tiempo, un hecho que denota un sesgo keynesiano y que se ha reforzado con la crisis. Al contrario de lo que se piensa, la ideología no afecta al gasto social. La razón estriba en que este abarca sobre todo pensiones, subsidios de paro, educación y sanidad, unas políticas que están garantizadas por el Estado de Bienestar y que, por tanto, no suelen alterarse al cambiar el gobierno.

Las soluciones del FMI

Vistos los problemas, ¿cuál es el recetario que brinda la institución presidida por Christine Lagarde? El libro se suma a la abundante literatura existente que señala la calidad de las instituciones como un factor esencial a la hora de mejorar las políticas públicas. No obstante, advierte de que los techos de gasto y deuda como los recogidos en el Pacto de Estabilidad europeo pueden mitigar los problemas pero no los resuelven. De hecho, desde 1999 el 80% de los Gobiernos de la zona euro ha incumplido los objetivos de déficit, dejando en papel mojado el Pacto de Estabilidad. “Las reglas externas funcionan principalmente cuando las autoridades nacionales las comparten y las interiorizan”, comenta Sanjeev Gupta, coautor del libro y subdirector del Asuntos Fiscales del FMI.
Los países con autoridades fiscales independientes, como la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef), creada en 2013 en España, suelen mejorar su equilibrio presupuestario respecto al resto, en término medio un 2% del PIB. Pero el FMI les pone una pega: si bien estas instituciones son capaces de atraer la atención mediática al registrarse desviaciones presupuestarias, no demuestran tanta efectividad a la hora de lograr que se tomen medidas correctivas.

La necesidad de controles que eviten distorsiones

Publicado bajo el título Fiscal Politics, estos estudios han sido elaborados por un nutrido equipo de economistas liderado por el exministro de Finanzas luso con Passos Coelho Vítor Gaspar, un economista con larga tradición en el FMI como Sanjeev Gupta y un exasesor de la Oficina Económica de Moncloa con Zapatero y ahora economista senior del Fondo, el español Carlos Mulas. Estos expertos indagan sobre si las elecciones influyen en las políticas presupuestarias, si la fragmentación parlamentaria se asocia con un mayor grado de indisciplina fiscal y cuál es el papel que ejerce la ideología en la políticas fiscales. La respuesta se resume en que, por encima de las ideologías, la fragmentación y las elecciones suelen distorsionar la política fiscal más que ningún otro factor. 
En el fondo, este análisis se construye sobre la teoría de la llamada ilusión fiscal, esto es, que los votantes sobreestiman los beneficios de los desembolsos actuales pero infravaloran la carga fiscal a la que tendrán que hacer frente en el futuro debido a esos gastos. De ahí la importancia de crear estructuras que limiten las distorsiones políticas en los asuntos fiscales.
NO HACE FALTA SER MUY INTELIGENTE PARA SABER QUE LO POLÍTICOS SE REPARTEN LO QUE NO TIENEN PARA SOSTENERSE EN EL PODER, COMO NO TIENEN NINGUNA RESPONSABILIDAD,LA PROFESIÓN ACTUAL DE MENOS RESPONSABILIDAD ES LA DEL POLITICO, ES ASOMBROSO PERO ES ASÍ.

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