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sábado, 24 de diciembre de 2016

LA CRISIS DE LA BANCA EUROPEA.



Sede del banco Monte dei Paschi de Siena
                                     Sede del banco Monte dei Paschi de Siena
Las malas prácticas de la crisis de 2008 acorralan a la banca europea.
La justicia de EE.UU. salda deudas con Deutsche y Credit Suisse mientras el rescate a Monte dei Paschi evidencia que el sector en Europa sigue enfermo.
La crisis bancaria internacional, desencadenada en su origen por el colapso del mercado hipotecario norteamericano a raíz de las «hipotecas subprime» –que hizo caer a gigantes financieros del país como Lehman Brothers, Northern Rock o AIG–, aún colea, pero no solo en Estados Unidos, a este lado del Atlántico, en Europa, también. Ayer, dos grandes bancos del Viejo Continente, Deutsche Bank y Credit Suisse, sufrieron las consecuencias de sus malas prácticas ocho años después. El alemán anunció que aceptaba pagar 7.200 millones de dólares (unos 6.890 millones de euros) para cerrar un litigio que tenía abierto en EE.UU. sobre titulaciones de hipotecas, menos de la mitad de lo que estaban reclamando las autoridades de este país. Mientras, el banco suizo también daba a conocer el montante de la multa que la justicia norteamericana le reclama por igual razón: 5.200 millones de dólares (4.975 millones de euros).
Así, en un comunicado oficial, el Deusche Bank –hoy, una de las entidades europeas en el punto de mira de los inversores por su delicada situación financiera en su país– explicó que, bajo los términos del acuerdo, pagará una multa por valor de 3.100 millones de dólares (2.966 millones de euros) y proveerá 4.100 millones de dólares (3.923 millones de euros) más para los consumidores afectados en Estados Unidos.
En un primer momento, las autoridades estadounidenses reclamaban al banco alemán una multa de 14.000 millones de dólares (13.396 millones de euros) por sus negocios con hipotecas basura. Señaló además que la multa fijada en este arreglo tendrá un impacto de 1.170 millones de dólares (1.119 millones de euros) en los resultados de la entidad bancaria del cuarto trimestre de año. Es decir, que parte de la misma aún no estaba provisionada. La nota explica que queda pendiente el impacto contable que tendrá el «alivio a los consumidores» al que se ha comprometido el Deutsche Bank por medio de este acuerdo, aunque espera que estas partidas no afecten a los resultados de su ejercicio de 2016.
El anuncio de Deutsche Bank y Credit Suisse coincidió en el tiempo con la demanda del Departamento de Justicia norteamericano a otro grupo bancario europero: Barclays, por un supuesto fraude en la venta de valores respaldados con hipotecas. Operaciones realizadas entre 2005 y 2007 y que, según las autoridades estadounidenses, pusieron en peligro a «miles de millones de dólares» por prácticas «que eran claramente irresponsables y deshonestas.
Hoy, el sistema financiero europeo sigue sufriendo las consecuencias de aquellas prácticas irregulares y no solo materializadas en multas, sino en una situación que se ha visto empeorada por un exceso de regulación, bajos tipos de interés, falta de liquidez, escasez de negocio y una estrechísima rentabilidad. El anuncio del rescate público del italiano Monte dei Paschi di Siena supone una nueva evidencia de que en Europa el sector, o al menos una buena parte del mismo, no se encuentra saneado. Muchos señalan al español como ejemplo a seguir, para entidades alemanas e italianas, como el propio Deutsche Bank y Commerzbank, que han sufrido una gran crisis y se llegó incluso a barajar un rescate público.
Solidez, solvencia y... más ajustes, en la banca española
La situación actual del sistema financiero español no es ni la sombra de lo que fue hace años. Y, además, ha cambiado, y mucho, respecto a la vivida en los periodos 2007-2010 y 2010-2013, una doble etapa de recesión derivada de la crisis de la economía mundial y los efectos de la crisis financiera en España como consecuencia del pinchazo de la burbuja inmobiliaria y del acusado cambio de ciclo.
Estos hechos impactaron devastadoramente en los balances y en las cuentas de resultados de las entidades financieras españolas que no solo ralentizaron de forma muy acusada los ritmos de crecimiento de sus principales magnitudes, sino que, incluso, por primera vez en décadas, vieron cómo muchas de ellas experimentaron significativos descensos que solo cambiaron de signo en 2014.
Desde entonces, no solo las cajas se han transformado en bancos y fundaciones, sino que el sector en su conjunto ha sufrido ajuste tras ajuste un cambio radical. Como consecuencia de la reestructuración, hoy tanto los propios bancos como reguladores y Gobierno «presumen» de unas entidades sólidas, solventes y ajustadas en capacidad, si bien mantienen la tensión por la falta de negocio, que hará que, en un futuro no muy lejano, sigan inmersas en operaciones corporativas y nuevos negocios que las hagan rentables.
En definitiva, hoy, los bancos españoles se encuentran en una buena situación después del rescate financiero que el país solicitó en 2012. De hecho, algunas voces señalan que Italia debería haber seguido el ejemplo español y pedir ayuda hace mucho tiempo, algo similar que subyace en la banca alemana.
Alerta roja por el bajo nivel de liquidez en Portugal
El sector bancario europeo vive un frenazo ya desde las propias matrices de Fráncfort, con Deutsche Bank y Comerzbank a la cabeza, pero la situación alcanza niveles de alerta roja en Portugal. Las entidades locales lusas sufren una falta de liquidez preocupante y esta circunstancia las expone a maniobras de control provenientes de otros países.
El termómetro financiero se viene enfriando desde la quiebra del extinto Espirito Santo en agosto de 2014 y, desde entonces, el contexto no ha hecho más que empeorar.
De ahí se estaba aprovechando el capital angoleño en una suerte de respuesta de la antigua colonia lusa hasta que Bruselas tomó cartas en el asunto para advertir contra la excesiva dependencia del dinero africano, sometido a una volatilidad y falta de transparencia que levantan sospechas.
Así sucedió en el caso del Banco Portugués de Inversiones (BPI), cuya dependencia de Isabel dos Santos (hija del dictador que gobierna Angola con mano de hierro, José Eduardo dos Santos) motivó el respaldo comunitario a Caixabank, que el pasado mes de octubre se hizo finalmente con el cien por cien de BPI.
Deutsche Bank, una amenaza global
Deutsche Bank es uno de los mayores bancos del mundo pero, sobre todo, es el primer banco de una de las economías más solventes. Por ello, que se encuentre en una situación que le puede llevar incluso a solicitar el rescate al Gobierno alemán no deja de ser motivo de intranquilidad. Tanto, que junto a Commerzbank podría desatar una crisis bancaria en Alemania. Ya ha sido señalado como el nuevo Lehman Brothers.
Ocho años después de la quiebra de la entidad estadounidense que provocó el peor colapso del crédito desde el crack de 1929, el Deutsche Bank, hace que, según el FMI y la FED, se cierna una amenaza sobre el sistema financiero mundial. El modelo de Deutsche Bank, con un balance de 1,8 billones de euros y unos fondos propios limitados a 62.000 millones, es insostenible, según los analistas.
El Deutsche Bank está bajo la supervisión del BCE, pero no ocure lo mismo con las cajas de ahorros alemanas, cuya salud suscita enormes dudas dado que agrupan cerca de un billón de euros en activos. Solo una de las 426 «sparkassen» alemanas superaba los 30.000 millones de euros en activos a cierre de 2011.
La morosidad ahoga al sistema italiano.
Esta semana el Gobierno de Italia aprobaba un plan de rescate para su maltrecho sistema financiero. El Ejecutivo de Paolo Gentiloni daba luz verde a un decreto con el que destinará 20.000 millones de euros para fortalecer las entidades bancarias que presenten problemas, como es el caso de Banca Monte dei Paschi di Siena (MPS). El rescate de la entidad se produjo después de que el tercer mayor banco del país fracasara en su intento de captar los 5.000 millones de euros que necesitaba para salvarse por sus propios medios.
El caso del Monte no es aislado. La banca italiana sufre una crisis de morosidad como resultado de ocho años de debilidad de la economía (el Producto Interior Bruto de Italia todavía no ha recuperado el nivel previo a la crisis). Los bancos italianos tienen más de 200.000 millones de euros de mora, y la cifra asciende a 360.000 millones si se incluyen los préstamos dudosos.
El supervisor único europeo lleva tiempo instando a los bancos italianos a que se deshagan de los préstamos morosos, que las entidades los valoran en unos 80.000 millones de euros mientras se estima que los fondos buitre no pagarían por ellos más de 40.000 millones de euros. El agujero potencial es del tamaño del rescate de los bancos españoles en 2012, pero podrían hacer falta hasta 20.000 millones de euros más, según estos analistas financieros.
La fragilidad del sistema bancario italiano se refleja en algunos datos: 200.000 millones de créditos deteriorados, a los que se añaden otros.
ESTE ES UN PROBLEMA MUY GRANDE PARA  LA BANCA MUNDIAL, HACEN LO QUE QUIEREN CON ESTE PRETEXTO.

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