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jueves, 24 de noviembre de 2016

LOS LIGUES DE NUESTROS ABUELOS.

Grupo de jóvenes en Punta Hidalgo

Hablamos con varios abuelos sobre cómo era su vida sexual.


¿Cómo se lo montaban antes? Varios hombres mayores de 70 años nos lo cuentan.

Copita de vino o café cortado, carraspeo, toses, miradas que evitan la mía: En general, hablar de sexo con hombres que rondan o sobrepasan con creces los 70 es un camino espinoso, lleno de risotadas, eufemismos y dobles sentidos. Al igual que al hacer el equivalente de este artículo con mujeres, algunas veces daba la sensación de que aún pesa un lejano ideal de decencia, ellos son esclavos de mantener el pabellón de la virilidad bien alto, no caer demasiado en sentimentalismos, sortear torpemente cualquier pregunta incómoda. Los inicios de las entrevistas son desoladores: falta esa sinceridad que solo es posible cuando uno es capaz de no tomarse demasiado en serio a sí mismo.
Entrevistarlos en grupo es una caída libre hacia un festival de eufemismos sexuales en el que se pisan unos a otros y nadie quiere quedar el último. Uno por uno, entregados a una charla más calmada, dejan salir lo humano, la tibieza, el encogerse de hombros y decir "yo no soy ningún Superman". Ni falta que hace, les digo. Es muy interesante ver cómo la idea de caballero de copa, puro, esposa, hijos, virilidad inamovible, a veces consumía y convertía al hombre en alguien prisionero en un lugar del que difícilmente podía ser rescatado. Lectores hombres: háganselo mirar. Estas actitudes y muros emocionales de los varones mayores de 70 parecen tan indestructibles, que es más que posible que aún queden unas ruinas lo suficientemente fuertes para asfixiar a la persona sensible que seguramente se oculta dentro de las entrañas de cada caballero español.
COMO LOS ANIMALITOS

Eso le soltó su padre a Juan Plaza, madrileño de 70 años, cuando, a los ocho, quiso saber cómo se hacían los niños: "Mis hermanas, mayores que yo, con doce años aún pensaban que los niños los traía el médico de su casa. Yo sabía algo más, pero poco. Le pregunté a mi padre y me dijo: "¿Cómo quieres que sea? ¡Como los animalitos!". Pero claro, vivíamos en Madrid, y lo máximo que había visto era dos perros enganchados en el Retiro". La ignorancia de los niños de aquella época con respecto a la reproducción y el sexo era casi pareja a la de las niñas, pero la inocencia de varón se esfumaba algo antes. Eustaquio, de 85 años y natural de Jaén, recuerda el shock que le produjo enterarse de las verdades de la vida: "Un amigo y yo vimos a dos apretando en el monte, y yo no podía creer que así me habían fabricado a mí". En general, en el grupo de amigos, los más pícaros surtían de conocimientos a los demás. Tomás, toledano de 78 años, recuerda los disparates que llegaba a crear la información sesgada recogida aquí y allá. "Tendríamos 13 años, y uno nos hizo creer en el grupo que, si se querían tener hijos, había que hacerlo por el culo. La única manera segura era hacerlo por delante. También vivíamos con mucho terror aquello de que las mujeres sangraban. Aquel muchacho nos tenía a todos engañados, y nos dijo que las mujeres sangraban siempre, todo el tiempo. No te voy a contar cuándo descubrí que todo esto era mentira porque me da hasta vergüenza"
CATAR HEMBRA
Eso le decían sus hermanos mayores a Tomás, de 78 años, cuando este se quedaba cortado delante de una chica: "Lo que tienes que hacer es catar hembra, y se te pasaba toda la tontería". ¿Cató? "Sí, fuimos en fiestas a una sala donde había señoritas que se acostaban por dinero. A mí aquello no me gustaba mucho, pero de alguna manera había que apagar los fuegos". Tomás se ríe a carcajadas cuando lo cuenta. Muchos chicos, al llegar a la pubertad, se veían iniciados en un mundo del sexo que se basaba más en un consuelo casi animal que en una verdadera satisfacción. Lope García, bilbaíno de 77 años, recuerda aquellos tiempos con algo de remordimiento: "Íbamos salidos como picos de mesa. A la novia poco te podías acercar, así que sí, alguna vez se caía en errores. No sé si eran errores, era que algo teníamos que hacer con el cuerpo. La novia era intocable". Juan Plaza recuerda, sin embargo, que no todo el mundo vivía la misma situación: "Había alguno que tenía una novia que se dejaba, otros que tenían novia que no se dejaba y decían que se dejaba, o al revés. Uno quería estar con la novia, pero al mismo tiempo tampoco quería "estropearla". Casarse con el tripón no era una opción". Pero, en algunas ocasiones, por mucho afán que hubiera por juntar los cuerpos, las condiciones y el miedo social te desmantelaban el plan, como recuerda Manolo Soto, segoviano de 72 años: "No me da vergüenza decir que la primera vez no pude. Mi novia quería, yo quería... Me puse nervioso. Y mira que tenía ganas, pero es que era en un portal, con gente pasando fuera... No había tranquilidad para hacer las cosas. Fíjate lo traumatizado que me quedé, que pensé que era un incapaz y daba vueltas en la cama pensando meterme a cura. A mis amigos les dije que lo habíamos hecho, claro. Al poco tiempo conocí a mi mujer, y ahí sí que salió ya la cosa bien".

"Íbamos salidos como picos de mesa. A la novia poco te podías acercar, así que sí, alguna vez se caía en errores. La novia era intocable"

HOMBRE CASADO
La boda, además de un ritual de madurez y hombría, era el momento más esperado, el inicio de la libertad. Por primera vez, la pareja estaba avalada para hacer lo que quisiera. Muchos remolonean al responder la pregunta de la noche de bodas. Manolo Soto reconoce que "mi mujer y yo ya nos habíamos acostado antes, así que ya nos teníamos cogido el puntillo, y fue divertida como una noche más". Con respecto a la satisfacción de la mujer o a posibles "accidentes" por nervios o inexperiencia, se hacen bastante de rogar, aunque al final cantan: "Fue todo un poco atropellado, para qué te voy a engañar -reconoce Tomás- Teníamos demasiadas ganas y demasiada poca experiencia. No había revistas, como ahora, en las que se hablase de esto. Algunas veces incluso se decía que las únicas mujeres que disfrutaban eran las putas, así que imagínate". La represión, oscura e implacable, creaba unas lagunas de ignorancia que a veces era muy difícil sortear. Lope, de 77 años, es el único de los entrevistados que no se casó y que vivió fuera: "Mi sensación es que España estaba muy atrasada. Yo trabajé en Francia y Alemania, tuve varias novias allí, y poco tenía que ver con ese susto en el cuerpo que parecía que tenía todo el mundo aquí. Había menos barbaridad, y uno podía acostarse con su novia, porque había con qué tomar precauciones y no se veía tan mal. Pienso que a veces en España la única manera de tener sexo era casándose, y eso te dejaba como enjaulado. Y a la mujer también, claro está. Había muchos hombres que, cuando la represión empezó a ser menor, escondieron los anillos y aprovecharon la racha".
Estudiantes en La Laguna

LOS HIJOS LOS TRAE DIOS
Con este dicho y un deje de pena define Eustaquio la situación reproductiva que había en España. "Estábamos vendidos. Había que alimentar a todos los que te llegaran, y eso, por mucho que los quisieras, era de echarse a llorar. Yo tuve nueve, así que imagínate". La foto de familia, ese clásico retrato grupal, a veces no dejaba sitio para que cupieran todos los que eran. "Era duro, claro que sí, el no poder saber ni planear los hijos que íbamos a tener -reconoce Tomás- Intentábamos hacer marcha atrás, pero a veces no funcionaba. A mi mujer, en cada parto, era como que se le iba un poco de vida. Y había que trabajar mucho para alimentar a tantos". Juan Plaza recuerda comprar condones de contrabando en un piso de Madrid: "Era gente que pasaba a Francia y los conseguía. Mi mujer estaba nerviosísima. Pero es que ella tenía un problema de un quiste, ya había perdido dos niños, y no queríamos sufrir más. Era una cuestión de sentido común. Después, cuando se mejoró, ya tuvimos a nuestras dos hijas. Daba mucha libertad poder prevenir los embarazos, y creo que ahí es cuando más disfrutamos".

"Algunas veces incluso se decía que las únicas mujeres que disfrutaban eran las putas, así que imagínate"

Antes de terminar estas entrevistas, uno de los entrevistados insistió en contarme algo, con la condición de que no revelase su nombre: "Quería añadir solamente que al final tomé Viagra algunas veces, aunque lo tuve que dejar porque tengo problemas de corazón. Eso fue antes de que mi esposa muriera, y ahí aún no sabíamos ni que estaba enferma, así que, aunque fuese peligroso para mi salud, me alegro de haber tomado Viagra, porque lo disfrutamos".
UNA SOCIEDAD MUY MACHISTA Y ACOMPLEJADA, ESO ERA LO QUE HABÍA.