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martes, 18 de octubre de 2016

PATRIA DE PAPEL

Patria de papel



El patriotismo no es mera adhesión al Estado de derecho

Una familia que no discute es un clan. Una organización que no debate, una secta. Y un país que no se cuestiona no es una patria, sino una tribu. Pero la crítica nacional también puede ser tribal. Cuando no fiscalizamos un episodio histórico, sino a sus protagonistas, no somos antinacionalistas o cosmopolitas, sino miembros de una tribu tan obtusa como la de los nacionalistas fanáticos: la tribu sin nación.
Sus integrantes sueñan con una comunidad perfecta. Condenan un presente y una historia que, en España como en cualquier país del mundo, está llena de imperfecciones. Rechazan los símbolos nacionales, pero abrazan aquellos que representan realidades distantes o imaginadas, como la bandera wiphala colgada por el Gobierno de Ahora Madrid en el balcón de la Junta Municipal de Centro del Ayuntamiento. Porque la realidad circundante duele y lo lejano está siempre más cerca de nuestros sueños.
La mentalidad tribal es personalista. Importa el quién, no el qué. Los que se sienten a gusto con las andanzas de Hernán Cortes o Bartolomé de las Casas, se hacen de la tribu nacional. Y los que no, de la antinacional. Ni unos ni otros analizan hechos. Juzgan personajes, pintándolos de negro o de colores.
El patriotismo es impersonal. Pero no es mera adhesión al Estado de derecho, como defiende la intelectualidad biempensante. Nuestros progresistas y liberales entienden la patria como un pacto entre ciudadanos libres plasmado en la Constitución. La comunidad política es artificial, los sentimientos quedan fuera.
Es un error. Los miembros de una nación sana interiorizan las acciones de otros miembros. Se sienten orgullosos del empresario que crea puestos de trabajo, pero, al mismo tiempo, se avergüenzan de sus malas prácticas. En España, eso es imposible. Los tribales aman (u odian) al empresario incondicionalmente. Y la intelectualidad se refugia en la ley, rechazando los sentimientos de orgullo y vergüenza que, en otros países, explican por qué sus políticos o directivos dimiten al plagiar una tesis o cometer actos que, aun dentro de la ley, son reprobables.
La patria no es ni una tribu ni un papel.

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