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miércoles, 19 de febrero de 2014

EN ESPAÑA BAJAN LOS SALARIOS Y EN ITALIA SUBEN

¿POR QUÉ?
 
Los costes laborales unitarios en España desde 2009 a 2013 han descendido un 7%. En cambio, en Italia han aumentado un 4% en estos mismos años de crisis. Es bastante sorprendente que, en dos países con una fuerte crisis, uno esté realizando un duro ajuste salarial y otro continúe como si nada.
La clave para entender el periodo de 2009 a 2013 es analizar la etapa desde que se implantó el euro, es decir, de 1999 a 2008.
Si analizamos la evolución de los costes laborales unitarios en la Eurozona desde la creación del euro, podemos observar que se han producido dos grandes tendencias separadas por la entrada en la grave crisis actual (2008).
Tras la introducción del euro, se produjo un movimiento de enorme fuerza: la convergencia de los países periféricos con los del centro y norte de Europa en relación a los costes laborales, precios inmobiliarios o del Estado de bienestar. El problema fue que este proceso de convergencia se financió con endeudamiento y provocó, entre otras cosas, burbujas inmobiliarias. Irlanda, Portugal, Grecia, España e Italia podían endeudarse a tipos bajísimos gracias a la política del Banco Central Europeo (BCE) de fijación de tipos de interés muy bajos, adecuados para los países del centro-norte.
Sus economías crecían a tasas superiores al 3% y al 4% anual, pero como los tipos de interés estaban pensados para los países con más peso en Europa que no crecían, generaron los graves desequilibrios que llevaron en 2011-2012 a poner en riesgo la Eurozona. En este periodo de ciclo alcista, los costes salariales unitarios llegaron a aumentar un 42% en Irlanda en términos acumulados hasta 2008; un 36% en España hasta 2009; un 35% en Grecia hasta 2009; en Portugal un 32%, y en Italia un 31% hasta 2009. En esta bonanza económica los costes en Francia subieron un 24% y la media en la Eurozona, un 22%. Alemania fue la gran excepción. Los germanos están ajustando su mercado al integrar el mercado laboral de Alemania del Este y, de 1999 a 2008, sus costes laborales unitarios subieron sólo un 1% acumulado, llegando a ser en 2007 incluso negativos del 3%.
Tras el inicio de la crisis, varios países periféricos están ajustando de verdad y en algunos casos, como en el griego, el proceso está siendo sangrante, con caídas del 20% acumulado hasta hoy. Irlanda, cuyos crecimientos inmobiliarios y laborales fueron mayores que cualquier otro país europeo, ha sufrido un descenso del 10%. En España, la caída ha sido hasta hoy del 7% y en Portugal, del 4%.
Y aquí viene lo importante: los países que, incluso en esta crisis, han continuado aumentando sus costes laborales unitarios. Por un lado, Alemania, que los ha incrementado un 14% de 2008 a 2013 -normal después de que los empleados teutones tuvieran 10 años de ajuste-; y, por el otro, Francia, que, a pesar de que su economía cada vez va peor, ha continuado aumentándolos con una cifra acumulada del 10% de 2008 a 2013, seguramente por la enorme fuerza de los sindicatos y del sector público galo. Según la OCDE, también Bélgica ha incrementado un 10% sus costes en esta crisis, Finlandia, un 15% y, sorprendentemente, Italia, un 10% desde 2008.
Los italianos siempre han sido muy listos. Para algunas cosas están en la cola de Europa, pero para negociar su remuneración se han juntado con el grupo de países de Europa del Norte.
Los países con los impuestos laborales más altos son los que más paro suelen sufrir y los que peores perspectivas tienen. Sólo Alemania es la excepción que confirma la regla. Contratar a un empleado supone tener que pagar al estado francés el doble en impuestos, al tener aproximadamente un 50% de imposición. Por ejemplo, una empresa que quiera contratar a un trabajador galo con cierta formación y deba pagarle un sueldo bruto de 3.000 euros al mes, le acabará costando unos 6.000 euros mensuales después de abonar los costes de seguridad social e impuestos a la hacienda francesa.
Si tenemos en cuenta, además, que en Francia rige en parte lo de la jornada de 35 horas semanales, la conclusión es que es muy difícil que crezca el empleo allí. Es más probable que pueda hacerlo en España, Portugal u otros países europeos de la Europa del Este, siempre que la empresa tenga una visión global.
Francia es el país de Europa con más impuestos laborales, con un 50% del coste laboral total, seguido de Alemania, con un 49%; Italia, con un 47%; España, con un 41%; Portugal, con un 36%; Inglaterra con un 31%, e Irlanda, con un 25%, según cálculos de la OCDE para el año 2012.
Los italianos siempre han sido muy listos. Para algunas cosas están en la cola de Europa, pero para negociar su remuneración se han juntado al grupo de países de Europa del Norte
Según el think-tank francés Coe-Rexecode, usando los datos de Eurostat, el coste laboral manufacturero en Francia es de 37 euros la hora, comparado con una media de 31 euros en los países de la Eurozona y de sólo 22 en Inglaterra. Según estos datos, los diferenciales en el sector comercial y de servicios serían muy similares. Alemania tendría unos costes por encima de los franceses en el sector manufacturero, pero inferiores en el resto.
La definición de costes laborales unitarios, unit labour costs en inglés, es la siguiente: costes laborales por unidad de output producido”, es decir, lo que pagas en relación con lo que produces. Por tanto, si la remuneración salarial ha aumentado pero la producción de bienes o servicios lo ha hecho a mayor ritmo, los costes laborales unitarios (CLU) estarían bajando, permitiendo pues nuevos aumentos salariales sin dañar la competitividad.
Por tanto, el alza del 42% de los CLU en Irlanda no tenía justificación en relación con lo producido por los trabajadores irlandeses. El análisis de los CLU no sirve para decidir si los sueldos en un país son demasiado altos o bajos, sólo establece si estos suben al mismo ritmo que la producción. Más importante, los CLU no sirven para medir la productividad, sino más bien si el aumento de productividad se ha compensado en forma de mayor remuneración o no.
Sí que puede afirmarse claramente, a tenor de estos números, que Francia, Finlandia, Holanda y Bélgica están en una posición económica muy mala en términos de remuneración salarial y producción de bienes y servicios, con lo que difícilmente se creará empleo en los próximos cinco a diez años. Por el contrario, Alemania es el país que mejor ha hecho las cosas y mejor futuro económico tiene. Grecia, Irlanda, Portugal y España están corrigiendo sus excesos y mejorando para el futuro.
 
COMENTARIO.
Al comienzo de su artículo hay una frase que lo define:

La clave para entender el periodo de 2009 a 2013 es analizar la etapa desde que se implantó el euro, es decir, de 1999 a 2008.

 Pero hay una clave de la clave: El tipo de cambio con el que entró España en el 1€=166,386 Pta y el tipo de cambio con el que entró por ejemplo Italia, que lo desconozco. Así como la evolución previa de la Lira y de otros países como el marco... sobre todo usando referencias de los 10-15 años anteriores.(Usted haciendo bien ha puesto el periodo 1999-2008).

Mi tesis es que España entró en el € con una Pta muy fuerte, y no como Italia o Alemania, (atendiendo a la evolución previa de sus monedas), si visto lo que sabemos ahora España no era ni de lejos el país tan fuerte que decía ser, su moneda de entonces debería de haber reflejado esa debilidad, ergo un cambio de 1€= 250 Pta o más habría sido mucho mas justo.

Obvio es decir que las importaciones habrían salido mas caras, y que la burbuja posterior habría sido menor.

Recuerdo que a mediados de los 90 cuando la serpiente monetaria europea, los criterios de convergencia (¿quien se acuerda de ellos ahora?) y tal y tal, se dió la ¿paradoja? de que en el € diseñado entonces para una Europa de dos velocidades (¿quien se acuerda de ello ahora?)... los paises fuertes empezaron a perder fuelle (reconstrucción de Alemania del este...) y se alejaron de los criterios mientras España "milagrosamente" se acercó a ellos. Situación anómala en la historia económica europea.

Llegó un momento en que había que tomar la decisión de si abortaba la implantación del € o no. El riesgo consistía en que si aceptaba el € los países de la primera velocidad lo harían por los pelos, lo que posibilitaría que los otros (los futuros PIGS) también se incorporaran, porque visto el panorama para que ponerse rigurosos.

Recuerdo, me puedo equivocar, que en los criterios de deuda publica sobre PIB el límite era de un 60%, España tenía el 63, pero Italia, hablo de memoria tenía casi el 100% sino mas, y se la dejo entrar.

Es decir Italia entró porque se dejó entrar a España que cumplía los criterios por los pelos. Y España los cumplía por los pelos porque se relajaron las condiciones generales para que Alemania también pudiera entrar.

Por supuesto, las tasas de cambio en las monedas acordadas entonces para las diferentes divisas nos "perjudicaron" porque nos presupusieron una competitividad que no teníamos.

De esos polvos los lodos que usted ha expuesto en su artículo.

El estar como locos por entrar en el €, como previamente lo estuvimos por entrar en la CEE, sin negociar, sin analizar despacio, por nuestros complejos de siempre de no estar en Europa, como si no lleváramos mas de 2000 años allí, traen estas consecuencias.
 

 

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