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jueves, 24 de octubre de 2013

SE DESTRUYE EL EMPLEO FIJO PARA CONTRATAR EL TEMPORAL

Un grupo de personas, en una oficina de empleo en Alcalá

Los temporales animan el mercado laboral.

Entre julio y septiembre se contrataron a 169.500 empleados para la temporada veraniega.

Caen 146.300 puestos de trabajo indefinidos.

El patrón no cambia. Crisis tras crisis, desde los años ochenta, cuando el mercado laboral español deja de caer, el empleo solo se anima por el lado de los temporales. En el tercer trimestre del año, según los datos de la Encuesta de Población Activa, se han creado 169.500 puestos de trabajo temporales, unos pocos más que fijos, 146.300.
Las reformas laborales se suceden. Todas tratan de cambiar este patrón. Lo decía la última. Pero ninguna lo ha logrado hasta ahora. Los empresarios solo se animan a contratar temporales ante la posibilidad de que esa escuálida recuperación —muy escuálida, de momento— se vuelva a convertir en recesión, como ya sucediera en 2011.
 Lógicamente la época del año también ayuda. El tercer trimestre del año se desarrolla principalmente en verano, época de vacaciones y turismo, y de actividad económica estacional. Estas características estimulan mucho más el empleo temporal que el indefinido, cuando lo hay, no en este caso.
Pero al observar el buen dato de empleo temporal, también se observa uno de los síntomas de la lenta recuperación a la que está abocada la economía española. Comparado con el año anterior, todavía se sigue destruyendo puestos de trabajo temporales. Es decir, hay menos trabajadores que en septiembre de 2012. Uno de los datos en que suelen fijarse los expertos del mercado laboral para saber si la situación se ha dado la vuelta es este, aunque esto tampoco signifique que la recuperación se haya consolidado. En 2011 se creó empleo temporal anualmente y eso no evitó la recaída.
COMENTARIO:
Destruir empleo fijo para contratar empleo precario y temporal sale mucho más barato a las empresas y se cotiza menos la S. Social, todo un, chollo para los empresarios.
Cuando sea tu enemigo, te desposeeré de ti. Te haré trabajar hasta que estés a las puertas del más allá, y te veré morir con la tristeza de saber que los tuyos no podrán sobrevivir sin tu trabajo o pensión. Cuando sea tu enemigo, te excitaré con emociones tan fuertes como para nublar tu conciencia, tu razón, tu yo más superior. Y me aseguraré de que siempre te habite el vacío, la sensación de que algo no se cumple. Cuando sea tu enemigo, el forense de tu sombra, haré que te avergüences perennemente para que nunca puedas levantar la mirada. Te culparé por mis errores y te amenazaré con lo que más temo. Cuando sea tu enemigo, te hipotecaré de por vida, te venderé mis ansiolíticos y antidepresivos, te privatizaré el sol y el viento, y te haré pagar los impuestos suficientes para sostener mi tren de vida hasta mi cuarta generación. Cuando sea tu enemigo, haré que el infierno te siga con las hambrunas, las guerras y la destrucción que yo mismo sembraré a tu alrededor. Cuando sea tu enemigo, no lo sabrás. Lo mismo que ahora.