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domingo, 27 de octubre de 2013

ESPAÑA EN EL 2020 SU PROGRESO

Sobre el pronóstico de un milagro económico patrio.
Algunos informes, como el dirigido por Ignacio de la Torre para Arcano, empiezan a hablar ya del nuevo milagro de la economía española, propiciado por una explosiva recuperación de la competitividad. El ejemplo al que se alude, la Alemania que emergió de la agenda reformista de Schröder, reúne los requisitos justos de verosimilitud. Tal como sucede ahora en España, Alemania era considerada hace apenas diez años el enfermo de Europa, lo cual demuestra que las percepciones psicológicas desempeñan un papel en las tendencias financieras. Población envejecida, Estado del bienestar insostenible, desajustes macroeconómicos, rigideces estructurales, cierta obsolescencia industrial ante las necesidades de los nuevos mercados, deterioro de la excelencia educativa, etcétera son argumentos que nos resultan familiares con una década de diferencia. El caso alemán -o, anteriormente, el sueco- ilustra, en cambio, de qué modo la sociedad puede recobrar el tono adecuado en un periodo breve de años, incluso enfrentándose al inestable contexto de la globalización. Si la política es el arte de la inteligencia cotidiana, como sostuvo Valentí Puig en el discurso de aceptación del premio "Antonio Fontán", el reformismo inteligente define la arquitectura necesaria para el futuro. La historia reciente de España -digamos que el último medio siglo- es una buena prueba de ello: hemos pasado de ser un país agrícola, aislado y semianalfabeto a formar parte del G-20 y a consolidar una notable clase media. Con todos los matices que se quieran, en un test hipotético, los aciertos superarían a los errores. Lógicamente, la realidad no surge de la nada, sino que depende de unos condicionantes, mejores o peores.
Para los economistas de Arcano, España protagonizará la gran sorpresa hasta el 2020. Botín anuncia que el dinero está regresando a nuestro país con rapidez. El magnate Bill Gates se convierte en el segundo accionista de la constructora FCC, mientras la Bolsa sube a velocidad de vértigo. La exportación bate récords, igual que el turismo, y los grandes ajustes -no la austeridad- parecen llegar a su fin. Se aventura un 2014 con los beneficios empresariales al alza, la mejora en la capitalización de la banca y un mayor optimismo general, a pesar de la deflación en salarios. Volver a situarnos en el mapa de la inversión internacional constituye el paso previo a la recuperación, esa fina línea divisoria que nos aleja del fracaso social.
Cuesta creer, sin embargo, que España protagonice, de aquí al 2020, un proceso tan exitoso como el alemán. La estructura productiva de ambos países es distinta, al igual que la calidad institucional -el funcionamiento de las instituciones alemanas es ahora al mundo lo que fue el Parlamento inglés en el XIX-, la cultura pactista, los niveles de eficiencia, las redes comerciales y el prestigio de la marca. El sobreendeudamiento limita la capacidad de inversión, el enorme paro estructural ha venido para quedarse mucho tiempo y los esfuerzos salariales no han terminado. Pensar que en cinco o diez años un país logrará definir un nuevo modelo industrial no deja de ser la expresión de un deseo ilusorio. Pero si algo hemos aprendido en este 2013 es que España dista de ser un desierto y que nuestras bazas son también muchas: el clima favorable y un idioma de uso internacional, algunos sectores económicos punteros, un buen puñado de multinacionales, la productividad recuperada, la estabilidad de la moneda y de las instituciones europeas... Eso, y el margen de las reformas pendientes con sus correspondientes frutos. Mal que pese a los catastrofistas, se empieza a vislumbrar la luz.

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