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lunes, 29 de julio de 2013

LA HERMOSA GENTE SUFRE EN SILENCIO UN MALSANO ESPECTÁCULO DE LA POLÍTICA

La hermosa gente está más asustada que asqueada ante el espectáculo de la corrupción política y financiera. La hermosa gente antepone al desprecio y la condena la fe en la sincera contrición y las energías regenerativas. La justa crítica de lo que ve y conoce deriva de inmediato a la subjetividad del susto por lo que pueda pasarle al país y pasarnos a todos. En otras palabras, se siente predispuesta al perdón, a condición de que se lo pidan. Pero es tan angelical esperar que en sede parlamentaria reconozca Rajoy sus errores y los de su partido, se baje de la evasiva arrogancia y pida perdón, como que lo hagan los socialistas por haber entrado a saco en el dinero de los ERE andaluces, los convergentes catalanes por vampirizar las donaciones al Palau de la Música, etcétera. Una catarsis de esa magnitud, con paralelo acatamiento de las decisiones judiciales a que haya lugar, es, simplemente, un bello sueño. El primer axioma de la perversión es no reconocerla o, peor, interpretarla como un derecho inasequible al juicio del común. La praxis de las «élites extractivas», descritas por Acemoglu y Robinson en su libro «¿Por qué fracasan los países?», es el concepto de moda. Son las que esquilman el caladero en beneficio exclusivo y sin el menor propósito de regenerarlo, alentadas por neoliberales y «neocons» desde que el ignorante Reagan y la tosca Thatcher fueron engañados por sus economistas de cámara con fórmulas irreales que a punto están de hundir al mundo libre.

Supuestamente, las élites políticas y financieras de este país han sido alcanzadas por la codicia extractiva, tanto en la práctica como en la «legitimación» del presunto derecho. Nadie reconoce haberse equivocado y mucho menos delinquido. La pregunta que cada cual se hace sobre aquello que Rajoy piensa decir en la tribuna parlamentaria sólo activa el escepticismo. ¿Serán milongas, fariseos golpes de pecho por haber confiado en un corrupto traidor, hirientes loas a la acción anticrisis que multiplica la sangre, el sudor y las lágrimas de la hermosa gente mientras los cínicos semidioses se forran...? ¿O será un humilde reconocimiento del error, con firme voluntad de depurar sus efectos y conjurarlo en el futuro? En tal hipótesis, ¿admitirán otros grupos sus propias culpas, con análogo propósito de la enmienda?

«Too much» para la fauna que nos manipula. La hermosa gente habrá de conformarse con los saldos dialécticos de costumbre, el aberrante sistema de listas cerradas y la abstención en las urnas. Lo que toca a los justos es la zozobra de un país desnortado en la ruina, la dependencia de poderes que no controla y la disgregación interior. Y, por si fuera poco, la incógnita de un sistema cuyos partidos mayoritarios pueden dejar de ser partidos de gobierno. ¿Qué pasará después? Para bien o para mal, la respuesta está en lo que Rajoy nos cuente.

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