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martes, 26 de marzo de 2013

CONSECUENCIAS DE LA SOLUCIÓN CHIPRIOTA


Si se trata de generar pánico y de que se produzca una masiva fuga de capitales, hemos de reconocer que la Unión Europea lo está haciendo de maravilla. No es que se combata la existencia de los paraísos fiscales sino que se trabaja firmemente para que los dineros de los ricachones salgan de Europa para descansar en lugares más seguros y placenteros. 

El experimento chipriota es una genialidad: primero se extiende el rumor sobre un posible corralito, para dar tiempo a que los más acaudalados se lleven la pasta a toda mecha; después, se impone una medida confiscatoria general contra todos los ahorradores y, como parece que la cosa sienta mal y cunde el nerviosismo en las bolsas, se suaviza el atraco para rebajar las tensiones. Si me dicen que esta fabulosa estrategia fue diseñada en España lo creería a pies juntillas, pero el pasmo se produce al constatar que este cúmulo de despropósitos nació de la conjunción de materias grises comunitarias, encabezadas por el cerebro germano, que cada día piensa más y peor, algo que no debería causar sorpresa.
Hubo un tiempo en que tuve el convencimiento de que la integración de España en el club europeo serviría para que el poder comunitario pusiera rigor, cordura y sentido común en el disparatado panorama político nacional. 26 años después, las cosas parecen funcionar al revés, esto es, nuestras prácticas se han extendido al resto de Europa. De ahí las improvisaciones, la dramática falta de previsión y el aborregado proceder al dictado de una Alemania que, una vez más, va a lo suyo y, aprovechando el descontrol y la debilidad de la mayor parte de países europeos, pretende dominar el continente, si bien, en esta ocasión, con otras armas. Y es que la cabra siempre tira al monte.

Lo terrible del asunto es que casi treinta estados se pongan de acuerdo para hacer daño a ciudadanos europeos, a los que se culpa de una crisis financiera en la que jamás tuvieron arte ni parte.
El estrujamiento a griegos, portugueses e irlandeses, el robo a los chipriotas y la libertad condicional a la que italianos y españoles estamos sometidos son pruebas de que la supuesta hermandad que debería propiciar la UE no es tal.