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lunes, 5 de marzo de 2012

UN PELOTAZO NADA EJEMPLAR


Valle del Jerte Cáceres-España(foto J.A.Miyares)
Si escribes Urdangarin en Google el buscador sugiere tres palabras más: El Mundo, chorizo e imputado. Una suerte de 'tags' actuales que no aparecen en los tarjetones aristocráticos pues los pone el pueblo a su arbitrio, en casa o en el trabajo, convirtiendo su búsqueda en pista a veces de peluquería. Urdangarin ha enflaquecido, se ha demacrado como un rubio pálido que se hubiese enganchado a la heroína. Hace una semana se bajó del coche y enfiló el paseíllo a modo de penitencia pública mientras una muchedumbre lo ponía de verano: eran los jubilados de la República que van a los juzgados como los viejos a las obras, a esperar un cambio de Régimen. En las imágenes pudimos ver que dentro de Urdangarin había un hombre de negocios enjuto y mayor, de rostro exangüe, y su mechón ya no es destello de juventud sino mata garzoniana, como si a todos los imputados de este país le saliese un golpe de pelo a las puertas del banquillo. Debajo de Urdangarin, puliendo la cera que se fue en el traslado del Museo quién sabe si en carretilla, había un Tadzio de los dineros públicos; una pose lánguida de Kate Moss de pómulos como acantilados desde los que se precipita una mirada profundamente cristiana que clama expiación.

Cómo hemos llegado a esto empezó a saberse hace seis años, cuando los duques de Palma cogieron un avión no para ir a Washington sino para salir de España. El matrimonio cargó el avión de hijos y escoltas y enfiló el exilio que hoy sabemos fue por orden del Rey, a quien imaginamos en una torreta de palacio mandando salir de sus tierras a quien le comprometa el armiño. Al duque le había perdido la pasión por el dinero como a los políticos del Rolex, los narcos de lujos groseros, los empresarios que desvían millones al extranjero ganados en B, los banqueros que arreglan hipotecas por encima del valor del piso; la fauna de la pastuqui, la masilla cómplice con la que se va haciendo / rompiendo España . Urdangarin hizo lo que todos desde una posición tan privilegiada que produce vértigo, y por vértigos así cualquier día los que van a Sol equivocan la parada y aparecen en Zarzuela.

Detrás de esto hay una cosa muy cateta que es la necesidad de ganar dinero sin ton ni son, algo muy elemental y muy de pueblo. La obsesión por encerrar millones en el extranjero no es distinta a la de la abuela que iba metiendo los billetes en el colchón sin saber que para lo único que valen es para que arda más a gusto. Se conoce que Urdangarin hizo dinero gracias al usted sabe perfectamente quién soy yo, y de entre todas las imágenes de los años 'kronen' hay una particularmente estremecedora, que es la de la familia en un balconcito viendo a los otros Reyes, los Magos, como parte de un atrezzo estudiado con la intención de "fortalecer lazos" con un alcalde. Ese eufemismo de la "comida de negocios" no ha terminado todavía de hundir España. Matas y Urdangarin jugando al padel sólo recuerdan a Woody Allen y su amigo jugando al squash: Allen abría su corazón, Matas la chequera. "¡Era el duque de Palma!", justificó el ex presidente los negocios. Hombre, haberte limitado a dejarte ganar.

Todos esos informes consultivos, esos documentos llenos de palabras como "implementación", comprometen no sólo al que ganó dinero con ellos sino también a esa red de empresas 'semilobbys' que no saben explicar a qué se dedican: "asesoramos instituciones", "diseñamos estrategias", "apoyamos vías de comunicación". Cuando a uno se le pregunta en qué trabaja y necesita pensarlo es que está forrado. Ustedes ganan dinero. No valen para otra cosa. Son poetas del powerpoint. Ustedes van a internet a elegir palabras de muchas sílabas, las rescatan, las sacan del olvido, las ponen en circulación en informes que sólo pasan por despachos de políticos que nunca leen, y ellos les dan un dinero no por asesoramiento sino por desempolvar el diccionario. Con el dinero en España pasa lo mismo que decía Ruano de follar en Madrid: que no es que no se folle, es que follan siempre los mismos.

Semitransparente por lo flaco, rubio coronado y esqueje borbónico "no ejemplar", como le bautizó Su Majestad, Urdangarin espera sentencia tras alegar desconocimiento general. Decía Balzac que detrás de toda gran fortuna hay un crimen. Más provechoso puede ser, al menos judicialmente, no tener ni puta idea.